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    Between lies and truths, reaches the end. [Audrey]

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    Alexa Smith
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    Fecha de inscripción : 19/09/2011

    Between lies and truths, reaches the end. [Audrey]

    Mensaje por Alexa Smith el Mar Abr 17, 2012 10:19 pm

    Había estado sobreviviendo días difíciles, pues una serie de desdichas ocasionaron que mi supervisora me despidiera. Todo comenzó una de las tantas noches en la que acudí a la discoteca donde trabajo…
    Al inicio la rutina se venía dando sin ningún tipo de alteración. Llegué alrededor de las diez de la noche, y me encaminé sin escalas a los vestidores. Sheyla no paraba de dar órdenes en todas las direcciones con sus habituales malos modales. Ella se encargaba, no solo de supervisar a todas las bailarinas, sino de organizar los shows y, para aquellas que iban más allá de un baile, planificar las citas y acordar los precios de cada una. Era una de las autoridades más destacadas en el lugar. Su histeria podría sacar de las casillas a cualquier ser humano, pero siempre era conveniente mantenerte al margen de cualquier tipo de disputa o conflicto en el que ella se viera involucrada, pues de eso dependía tu empleo. Ciertamente, Sheyla, siempre contó con sus “Favoritas”, aquellas bailarinas que le ofrecían todo a su trabajo y llenaban el bolsillo de la codiciosa mujer.
    Evidentemente yo no era parte de ese grupo de preferidas, y si bien tuve la oportunidad de serlo (Cuando uno de los tres mejores clientes del lugar, que se destacaba por su poder monetario y su gran obsesión por las fiestas escandalosas, le ofreció una suma importante de dinero a cambio de que consiguiera una noche conmigo), me negué rotundamente, lo que me ubicó en el escalafón de las que siempre tienen un pie dentro y otro fuera.
    A lo largo del año que he estado bailando en el “Epicenter”, nunca había cometido una falta lo suficiente relevante como para provocar a la fiera.
    Pues aquel viernes, subí al escenario, y abrí el show por primera vez. Había ensayado la coreografía todas las veces que me fueron posibles durante la semana, ya que en un inicio me estaba dedicando exclusivamente a piezas lentas, que ofrecía a altas horas de la madrugada para cerrar la actividad y no requerían mucho ensayo, donde la improvisación siempre era bienvenida. Pero decidí que quería dar un paso más y opté entonces, por algo que implicara un esfuerzo superior. La canción elegida era “S&M: Sado y Masoquismo.” Por Rihanna. Después de todo, el baile era mi pasión, por eso estaba allí, y pretendía dar lo mejor en cada una de mis presentaciones.
    En esta oportunidad hasta el traje me había costado algunas otras noches más en vela que en los espectáculos anteriores, pero había valido la pena, porque a mi parecer lucía hermosa y acorde a la ocasión. Llevaba un body de cuero negro haciendo juego con las sandalias de alto y fino tacón. Mi cabello suelto y alborotado de forma intencional simulaba cierta rebeldía y salvajismo.
    Las luces, se fueron atenuando hasta sumergir el resto de la discoteca en una oscuridad profunda e impaciente. Hasta que comenzó a iluminarse el escenario de forma intermitente y al compás de la música. Al principio se trataba de luces de mucha intensidad blancas, pero a medida que avanzaba el ‘track’ se fueron diversificando en colores intensidad y velocidad, provocando que la multitud de espectadores enloqueciera, inundada de euforia y evidente éxtasis.
    En una parte de la composición debía darle la espalda al público por unos breves instantes, y logré divisar un gesto de notoria satisfacción en el rostro de Sheyla que observaba agradablemente la reacción de los clientes frente a la presentación. Pero después… Todo alrededor empezó a tornarse borroso y ambiguo. Luego de eso, las luces dejaron de brillar para mí, y un golpe sordo en mi cabeza eliminó cualquier rastro de conciencia.
    Recuerdo que al despertar me encontraba en una cama de hospital y me dolía mucho la cabeza. De esto resultaron dos grandes y terribles consecuencias… Por un lado mi coartada de que los viernes me iba a dormir a lo de mi amiga de la infancia quedó inutilizable, pues mis tíos obviamente se enteraron de en donde fue que me recogió la ambulancia. Y por otro, que la satisfacción reflejada en el rostro de Sheyla se convirtió en enojo y frustración. Me alejó definitivamente del escenario del “Epicenter”.
    En el hospital me diagnosticaron anemia. Y no era de extrañarse, en los últimos ocho o nueve meses no estaba cuidando bien de mi cuerpo, lo que incluía pocas horas de sueño, mala y escasa alimentación y por si fuera poco le estaba sobre exigiendo cuando trabajaba en la discoteca y estudiaba en San Diego.
    Sin embargo, en el correr de las semanas siguientes, luego de que fui dada de alta en el hospital, de modo paulatino comenzaron a presentarse en mí ciertos síntomas que no daban una buena señal: hematomas en distintas partes del cuerpo, sangrado de encías, fiebre.
    Me sentía cansada todo el tiempo, y sufría de una falta de apetito que agravió mi anemia. Mis tíos me acompañaron al hospital otra vez.
    Mientras aguardábamos en la sala de espera los resultados de los exámenes a los que fui sometida, reinaba el silencio, un silencio aterrador. Los signos indicaban leucemia y todos sabíamos que existía una gran probabilidad de que fuera eso lo que padecía, sin embargo yo mantenía la esperanza de de que todo lo que estaba viviendo se tratara de un mal sueño y nada más, que en cuestión de minutos despertaría y me burlaría de mis tontos sentimientos nefastos.
    Divisé cómo el especialista atravesaba el umbral de la puerta lentamente con el examen en su mano y expresión de terrible compasión.
    Tomé mi móvil, marqué y aguardé a escuchar su alentadora y alegre voz característica. Luego, respondí a su habitual saludo con:
    -Audrey, me voy a morir. – Y al escuchar un silencio desconsolador solté, por fin el llanto contenido.

    Audrey Gallager
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    Re: Between lies and truths, reaches the end. [Audrey]

    Mensaje por Audrey Gallager el Miér Abr 18, 2012 12:57 am

    Me sentia especialmente trsite aquel viernes. Tanto era así, que decidí notificar a Sheyla que esa noche no iría a trabajar a "Epicenter." No solía deprimirme, al contrario. Tenía una positividad que muchas veces resultaba fastidiosa para los demás. Pero todos nos quebramos en algún momento... Pues bien, mi horóscopo decía que no debía salir de la cama, aunque lo ignoré poniendo mi mejor cara y partiendo a la universidad. Esa fue quizás la peor decisión que podría haber tomado. Perdí el autobús y por consiguiente, llegué tarde, olvidé la tarea en casa, a causa de la lluvia rebalé en el pasillo y caí de bruces al piso, en frente de todos. Bien, respiré profundo, no me iba a dejar afectar por aquel maldito viernes. Llegué a casa extenuada, luego de una larga jornada con la intención de descansar algunas horas antes de comenzar a estudiar, pero de repente las luces se apagaron. -¡Maldición!- exclamé. El dueño de la pensión había olvidado pagar la electricidad...nuevamente. Detestaba vivir allí, de veras. Pero era la única opción para una camarera universitaria de 22 años.
    Me tiré en la cama. Volví a respirar profundo, ¡estaba a punto de colapsar! Fue entonces cuando me eché a llorar, desconsoladamente. Cualquiera hubiese dicho que mi actitud había sido la de una niña de cuatro años, y cualquiera hubiese estado en lo cierto. Sin embargo, toda esa situación me había hecho recordar lo sola que estaba. El recuerdo de mi padre, en ese preciso instante, se hizo presente en mi cabeza. Y al pensar en todo el tiempo que había perdido y jamás recuperaría, no pude contener el llanto. No me sentía tonta por ello. Luego de algunos minutos, en los que aún permanecía iluminada por la tenue luz de una vela, recibí una llamada a mi móvil. ¿Quién podría ser? Lo tomé y me dispuse a atender... Era Alexa.Aunque estaba muy mal, hice mi mejor esfuerzo por sonar alegre, no quería contagiarle mi malestar. Al escucharla al otro lado del celular, noté que algo andaba muy mal. Su voz estaba queda y quebrada. Sin lugar a dudas, no traía buenas noticias. Cuando iba a preguntarle de qué venía su llamada, me respondió.
    -Audrey, me voy a morir. - y culminó entre sollozos.
    Esa era la gota que faltaba para rebasar el vaso. No supe qué rayos hacer. Mi pecho se comprimió, de repente parecía que las paredes me abrazaban, sin dejarme respirar.
    -¿Qué dices?Esto no puede estar sucediendo... Alexa, ¿qué tienes?-le pregunté, ya desesperada y entre llantos.

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